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¡Pues mi hijo más!

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Hace unos días un vecino me contaba un problema que habían tenido unos amigos suyos y me quedé perpleja. Su niño de ya 3 años al ir a la guardería le habían diagnosticado que tenía un retraso mental; leve, pero un retraso. El caso no es el diagnóstico; sino que todo el mundo le veía al niño algo raro desde el nacimiento. El pediatra decía que había que dejar pasar el tiempo. Los padres llegaron a enfadarse con la familia cuando les comentaban que algo no era normal en el niño: no decir ni una palabra con 3 años, tener movilidad nula con 1 año y algunas cosas más que vieron.

Este tema me hizo preguntarme lo siguiente: ¿Por qué ese empeño en que nuestros hijos no pueden tener ningún problema no sólo retrasos sino malos hábitos o conductas? ¿Por qué aún siendo mentira a veces se llega a decir que todo va bien? No sé si somos conscientes que la negación de algún posible problema puede hacer que, cuando realmente se haya asumido como tal y se quiera “arreglar”, la solución sea más complicada que si se hubiera comenzado antes a atajarlo. No hablo de que un diente no salga a los 6 meses sino a los 8; en cambio hay temas de conducta o de psicomotricidad que cogidos a tiempo no suponen ningún retraso en el desarrollo de nuestros hijos. En el tema conducta, es un gran ejemplo los casos de hermano mayor. Cuantos parten de un problema real y al final derivan en lo que derivan porque al principio se piensa que cambiaran con el tiempo y luego ya sabemos todos como acaban.

Después de pensarlo un tiempo, creo que hay dos razones que nos hacen negar este tema:

  • Miedo a decir o que digan que mi hij@ hace algo mal. Si algo me ha quedado más que claro de Marisa Moya y su blog   es que no hay nada peor que etiquetar a los niños. Ni decirle a ellos directamente que son malos ni decir nosotros de ellos que lo son. No hay niños mal comedores, ni que duermen mal; sino niños que necesitan rutinas más marcadas a la hora de comer o dormir que hagan que puedan hacer una vida con las limitaciones propias de su edad.
  • Miedo a pensar o a que nos digan que somos malos padres/madres. Muchas veces estos puntos que nuestros hijos deben mejorar los vemos como algo que hemos hecho mal nosotros e intentamos mejorarlos; pero la mayoría de las veces sin una base contrastada sino dando puntadas sin hilo.

Ninguno nacemos enseñados en esto de ser padres y necesitamos ayuda. ¿Verdad que si queremos aprender a coser pedimos consejo o ayuda? Por tanto con más razón, ¿por qué no lo pedimos si aplicamos unas rutinas a nuestros hijos y no obtenemos el resultado que esperamos? Para esto están los profesionales que nos pueden ayudar en todos los temas de crianza de nuestros hijos. A mí no se me caen los anillos en reconocer que tiro mucho del blog de Marisa y de consultillas que le he hecho tanto antes de nacer nuestra hija como después. Ante cambios en su rutinas o formas de querer estimularla, creo que no hay nada mejor que recibir consejo de alguien experto que nos dirá el mejor camino para conseguir nuestros objetivos.

Esto no me convierte en peor madre por necesitar ayuda. Yo siempre he pensado que cuando la niña sea adolescente, quería ir yo a un educador para pedir consejos. ¿Quién sabe tratar los problemas de los adolescentes? ¿Sabemos realmente los problemas que puede conllevar no tratar bien según que temas en esas edades? Por eso creo que es mejor pedir ayuda a veces que quedarse estancado.

El lado opuesto a no ver lo que le pasa a un hij@ es creer que el niñ@ lo tiene todo y etiquetarlo por todo lo que tiene. Tal y como se comentó un día en el grupo de facebook “El médico de mi hijo” tendemos a etiquetar a los niños como X o Y si son distraídos o movidos y tiramos de esas etiquetas para hasta cuando tienen fiebre; pensando que puede afectar eso a cualquier enfermedad que puedan tener. A parte, basándonos en estas etiquetas, no regulamos conductas o actitudes de los niños porque bastante tienen siendo X o Y; cuando una cosa no tiene nada que ver con la otra: el niño puede ser movido pero eso no implica que no pueda dormir siguiendo una rutina o comer de manera correcta. Con esto no digo que las etiquetas sean inventadas; sino que los padres y los propios niños se autosugestionan y no es bueno para ninguno de los dos bandos ya que probablemente el niño se cree una coraza y ya “sienta” que es diferente al resto.

También en este lado opuesto encontramos a padres que con cualquier granito que le sale al niño creen tener la varicela o padres que llaman al pediatra (esto lo he vivido yo en la consulta) y no cuelgan el teléfono hasta que el pediatra les dice lo que quieren oir: que le den algún medicamento a su hij@. Ahí tengo que reconocer que me ha ayudado mucho el grupo de facebook “El médico de mi hijo” ya que he aprendido qué hacer en casos de fiebre, en casos de gastrointeritis y demás.

Por esto y muchas cosas más os doy la siguiente recomendación:

No hay que intentar que nuestro hijo sea el primero en hacer las cosas ni el mejor en algo. Simplemente debemos conseguir que sea feliz en todo lo que haga en su vida.